Juan Vega Lazo
“Participar de una experiencia tan gratificante como fue la visita a los laboratorios de la universidad, me dio una visión del mundo científico que muchas veces cuesta imaginar, y aún más, pensar que está tan cerca de nosotros. La ciencia es una disciplina tan fascinante que puede vivirse de una manera sencilla y ser apasionado por ella, y a la vez se puede vivir de una manera profunda, estructurada y en un ambiente controlado, y de la misma manera vivirla con pasión.
Los laboratorios que visitamos con el curso ICEC en la PUCV muestran lo maravilloso, versátil y apasionante que es el vivir, sentir y tomar la enseñanza de las ciencias como un estilo de vida”.
Enero: recomenzar
Enero: recomenzar
Editorial
por Corina González
Hace unas semanas, la revista TIME declaraba el año 2020 como “el peor año de la historia”… al menos para la mayoría de la población que actualmente habita nuestro planeta. Sin duda, el 2020 fue un año difícil. No obstante, como toda situación difícil, también nos ha hecho cuestionarnos profundamente el cómo vivimos y cuáles son las cosas realmente importantes en la vida. El 2020 nos pasó por encima como un recordatorio de que, independiente de lo que creamos, somos vulnerables. También nos recuerda que hacer desaparecer los hábitats de las especies con las que cohabitamos la Tierra, tiene un costo, y lo seguirá teniendo los próximos años. Este 2020 desafió nuestros hábitos de consumo, y nos hizo darnos cuenta de que podíamos vivir con mucho menos de lo que pensábamos. Minimizó lo superficial, y maximizó lo humano… nos hizo darnos cuenta del valor del contacto con otros/as, de la sonrisa en vivo, del abrazo apretado. Este año que dejamos atrás, también evidenció la brutal inequidad del modelo de sociedad en que estamos inmersos… y probablemente, hizo aumentar la brecha.

El 2020 también desafió la Escuela, y nos desafió particularmente como educadores. Nos puso en el escenario de enseñar de una manera que no estábamos acostumbrados. Así fue que en marzo vimos a muchos profesores y profesoras angustiados por no saber cómo hacer, y que, en respuesta del mínimo apoyo recibido, empezaron a compartir y aprender entre colegas. Visualizamos cómo los y las docentes se fueron empoderando, construyendo un lenguaje común. Se fueron preguntando qué era lo realmente importante de aprender para sus estudiantes, qué les interesaba. Se dieron cuenta de que era significativo generar oportunidades de aprendizaje interdisciplinarias. Muchos docentes cayeron en cuenta de que el conocimiento de cómo afrontar esta situación, estaba en ellos mismos, y en sus colegas. Hacia finales de año, una profesora señalaba: “no podemos dejar que nuestras clases vuelvan a ser cómo eran antes”. En la emergencia de hacer que sus estudiantes se motivaran, profesores y profesoras se esforzaron en contextualizar su enseñanza. Se trabajó en torno a problemas, se involucró a las familias, se dio apoyo emocional. Al igual que los trabajadores de la salud, los y las docentes, estuvieron en la primera línea. Se reinventaron, trabajaron el doble de lo normal, o el triple, porque además tuvieron que atender durante el día a sus propias familias.
Este 2020 también nos ha permitido resignificar el valor de la ciencia y su enseñanza. El comprender la ciencia nos permite tomar decisiones adecuadas, que pueden salvar nuestras vidas y la de los demás (como usar mascarilla, mantener la distancia, vacunarnos). Y valorarla nos permitiría comprender la relevancia de invertir en ella y de promover el desarrollo científico y tecnológico, para no tener que depender de desarrollos extranjeros.
Quizás la revista TIME tenga razón, y el 2020 fue, para muchos, el peor año de la historia. Pero de seguro es un año que nos ha permitido renacer, resignificar, reconstruir, humanizar. Mis respetos y admiración a todos/as los/as docentes por el esfuerzo gigante de este año. Y que todos los aprendizajes generados en 2020, se conviertan en semillas, que germinen y florezcan el 2021.
Bienvenidos a 2021, el año en que podemos recomenzar.
Diciembre: ¿hubiese sido posible sin el Sars Cov-2?
Diciembre: ¿hubiese sido posible sin el Sars Cov-2?
Editorial
por Roberto Morales
Desde finales de 2019 comenzamos a pensar en este 2020 que se va. Con seguridad, lo ideado y planificado no pudo ser como lo habíamos imaginado. Hemos debido adaptarnos y aprender a vivir en la incertidumbre, a aceptar lo que hemos perdido y a tratar de salir adelante de la mejor manera posible. Nos vimos obligados a salir de la zona de confort, de la rutina, de lo establecido.... Y como si fuera poco, estamos ante la incertidumbre del 2021, con la esperanza de una vacuna y del retorno a una “nueva normalidad”

Ha sido un año complejo, que sin duda nos ha afectado a todas y todos en mayor o menor medida. A nivel personal y familiar las dinámicas han sido nuevas, y a estas alturas del año cuesta sostenerlas –o nos hemos acostumbrado a ellas-. Como sociedad, la pandemia nos puso en perspectiva, invitándonos a reflexionar sobre las formas y los fondos del modelo en el que vivimos: el sobreconsumo, las extensas jornadas laborales, las horas de traslado, la relación y el tiempo dedicado a nuestras familias, así como la responsabilidad que cada una y cada uno de nosotros tiene en el mantenimiento de lo que tenemos. Todos estos aspectos se han observado desde otros ángulos y se tensionan con mayor profundidad en la antesala de una nueva carta fundamental.
En prácticamente todos los planos de la sociedad, el Covid-19 ha forzado la reinvención y la innovación. En el ámbito de la didáctica de las ciencias, desde CIDSTEM hemos visto una explosión del desarrollo profesional docente, que marca probablemente un antes y un después en la colaboración, en la implementación del currículum y en el uso y valoración de las tecnologías de la información. Quizás todo esto no hubiese sido posible sin el Sars Cov-2.
Los aprendizajes y la experiencia vivida este 2020 nos invitan a vivir el aquí y el ahora, a aceptar la incertidumbre como parte de la vida, a expresar más lo que sentimos y a valorar a cada una de las personas que hacen parte de nuestra vida. Este es, quizás, el mejor regalo que podemos ofrecernos en esta navidad.
CIDSTEM realizó emotivo cierre del Curso ICEC 2019-2020
Las profesoras y profesores recibieron su certificado y un presente en la puerta de su casa. Las y los docentes valoraron este gesto de “cercanía” en el actual contexto de distanciamiento.
05.11.2020
El desarrollo del Curso Indagación Científica para la Educación en Ciencias ICEC, como tantos otros acontecimientos, también se vio alterado por la pandemia. Las clases presenciales, la muestra de aprendizajes, las pasantías y el Congreso, actividades contempladas en el desarrollo del curso, tuvieron que ser modificadas para poder alcanzar las competencias correspondientes al perfil de egreso ICEC.
Fue así como los cafés virtuales vinieron a reemplazar a la sala de clases, y los trabajos en donde se mostraban las iniciativas de aplicación e innovación fueron desplegados en la página web del Congreso Interregional, que fue desarrollado a través de las pantallas, desde el 25 de septiembre hasta el 19 de octubre.
Al Congreso 2020, coorganizado con las universidades de La Serena y Playa Ancha , concurrieron 512 personas que se inscribieron en la web tejidosociocientífico.cl: 398 mujeres, 114 hombres; 300 asistieron a los talleres; se recibieron 52 trabajos de 98 docentes de la cuarta y quinta región, y se reportaron interesados desde Argentina, Bolivia, Colombia, Perú, Guatemala, México, Venezuela y España.
Los talleres ofrecidos durante el Congreso giraron alrededor del tema ineludible de La Pandemia: su impacto en lo humano, en el ejercicio docente, y la relación de la práctica docente y el mundo digital, ese que ha permitido continuar trabajando y estudiando desde casa.
El Centro de Investigación en Didáctica de las ciencias CIDSTEM cierra un ciclo, superando la dificultad del distanciamiento, y desarrollando un congreso virtual que cohesionó a la comunidad interesada en la enseñanza de las ciencias: estudiantes de pedagogía, investigadores y profesoras y profesoras de muchas escuelas y liceos de la región que han participado en esta y anteriores versiones del curso ICEC.
Por Rocío Chavez
CIDSTEM PUCV
Noviembre: espacios colaborativos de trabajo
Noviembre: espacios colaborativos de trabajo
Editorial
por Rocio Fuentes Castro
Desde el aula hasta los espacios profesionales, es común encontrarse con actividades que se sustentan en el trabajo con otros. Bajo la perspectiva de mi aporte a los aprendizajes con la elaboración de materiales educativos, he observado con admiración cómo se ha ido transformando mi rol, pasando de un trabajo estructurado y vertical, hacia ambientes colaborativos. No siempre tenemos conciencia de que “querer tener el control” no es más que una actitud que proviene del ego y de las inseguridades propias de las personas, lo que puede marcar negativamente el avance de los equipos hacia el establecimiento de confianzas.

Algunos de los modelos antiguos, referidos a estructuras profesionales verticales, con muchos cargos intermedios y con la idea de “operarios” en vez de “colaboradores”, ha dirigido a las instituciones hacia contextos individualistas y competitivos, en los cuales suelen primar aspectos que no se relacionan con las competencias profesionales y dejan a la “meritocracia” en las sombras.
Actualmente, y con los cambios y transformaciones que vive nuestra sociedad, nos hemos ido orientando hacia el camino de escuchar y respetar la opinión de los demás, lo que nos hace protagonistas y responsables de generar instancias colaborativas y de crecimiento profesional, con la seguridad y la convicción de que podemos ser un aporte real en diferentes contextos. Dichos aportes se potencian cuando se suman con los de los otros miembros del equipo.
Desde mi labor como profesional de CIDSTEM, he vivido el camino hacia un enfoque colaborativo, que ha permitido ir construyendo un equipo robusto y con ganas de mostrar un logro común, para el cual todas y todos estamos entregando lo mejor en términos de habilidades, conocimientos y actitudes, en beneficio de mejorar los aprendizajes en ciencias de nuestros niños, niñas y jóvenes.
Octubre: Congreso Regional ICEC: Las comunidades docentes alzan la voz
Octubre: Congreso Regional ICEC: Las comunidades docentes alzan la voz
Editorial
por Gabriel Caro
Actualmente, la colaboración ha dejado de ser un discurso romántico. No es más el agua en medio del desierto, y emerge de forma natural como la clave de una sociedad organizada. El escenario de emergencia nos ha desafiado y las comunidades profesionales han sido fundamentales en permitir reinventarnos en la misión educar en ciencias con sentido.

En octubre de 2020, colaborar significa trabajar juntas y juntos, con miras a una participación activa en construir nuestra sociedad. Formar ciudadanos críticos y participativos no es solo una responsabilidad con nuestros estudiantes, sino también de todas y todos quienes somos parte de los procesos formativos. En educación, docentes que trabajamos en la unión, somos capaces de resistir y cambiar la monotonía, dotando a nuestras propuestas didácticas de un sentido de pertenencia mayor, comprometiéndonos con el territorio, con las personas, la cultura y sobre todo con los desafíos de un vivir que tiene a la injusticia como la principal necesidad a solventar.
Nos unimos para resistir, nos organizamos para construir y el resultado, nos permite formar parte de un tejido sociocientífico, en que las comunidades de educación en ciencias nos encontramos y conectamos para refrescar la mente y el espíritu y así continuar buscando la tan ansiada emancipación ciudadana. Hoy, con el congreso nacional y zonal del programa ICEC en curso, las comunidades docentes sacan la voz y nos muestran que el quehacer docente no conoce de tragedias. Ya sea que tiemble, llueva o nos golpee una pandemia mundial, la educación en ciencias participa en la formación de ciudadanos que comprenden que el futuro es nuestro derecho y responsabilidad.





