Por Jennifer Venegas
La ciencia, como cualquier otra institución humana, se encuentra permeada por factores éticos, políticos, económicos, históricos y sociales. Es una actividad diseñada y ejecutada por personas, cargando entonces con los sesgos, creencias y estereotipos de sus productores humanos.
Estos sesgos han definido históricamente la participación de mujeres y disidencias en la academia. Aunque existen avances importantes, las brechas de género y las distintas formas de violencia continúan presentes en los espacios científicos y universitarios.
A pesar de la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer emitida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, mujeres y disidencias experimentan día a día situaciones de violencia en la academia. Comentarios sobre sus cuerpos, capacidades o vida personal, imágenes sexistas, amenazas y acoso laboral forman parte de una violencia estructural que es necesario reconocer y enfrentar.
La violencia contra las mujeres no responde únicamente a acciones individuales, sino que se sostiene en sistemas de creencias y prácticas culturales que perpetúan desigualdades. Por ello, es fundamental avanzar en políticas públicas, protocolos institucionales y normativas que permitan prevenir, sancionar y erradicar estas prácticas.
Referencias
Radiografía de Género en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (2022)
Descargar documento
Ley N.º 21.369 sobre acoso sexual, violencia y discriminación de género en educación superior
Ver normativa
Política Nacional de Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación
Consultar documento
En este contexto, la Ley N°21.369 y la Política Nacional de Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación constituyen herramientas relevantes para construir espacios académicos más inclusivos y libres de violencia.
Asimismo, resulta indispensable visibilizar y dignificar el aporte de mujeres y diversidades en la ciencia, reconocer las distintas formas de violencia que enfrentan y fortalecer las redes de apoyo y colaboración.
Solo así la academia podrá transformarse en un espacio más diverso, justo y enriquecedor, permitiendo que todas las personas puedan desarrollar plenamente sus proyectos de vida y contribuir al avance del conocimiento.
Jennifer Venegas

