Ha sido un año complejo, que sin duda ha afectado a todas y todos en mayor o menor medida. A nivel personal y familiar, las dinámicas han sido nuevas y, a estas alturas, resulta difícil sostenerlas, aunque también hemos aprendido a convivir con ellas.
Como sociedad, la pandemia nos puso en perspectiva, invitándonos a reflexionar sobre distintos aspectos del modelo en que vivimos: el sobreconsumo, las extensas jornadas laborales, los tiempos de traslado, la relación con nuestras familias y la responsabilidad que cada persona tiene en el cuidado y preservación de aquello que posee.
Todos estos elementos han sido observados desde nuevas miradas y se tensionan aún más en un contexto de profundos cambios sociales y culturales.
En prácticamente todos los ámbitos de la sociedad, el Covid-19 forzó procesos de reinvención e innovación. En el campo de la didáctica de las ciencias, desde CIDSTEM fue posible observar una verdadera expansión del desarrollo profesional docente, marcando un antes y un después en la colaboración, en la implementación del currículum y en la valoración de las tecnologías de la información.
Quizás muchos de estos avances no habrían sido posibles sin la irrupción del SARS-CoV-2.
Los aprendizajes y experiencias vividas durante 2020 invitan a valorar el presente, aceptar la incertidumbre como parte de la vida, expresar con mayor libertad lo que sentimos y reconocer la importancia de las personas que forman parte de nuestro entorno.
Ese es, quizás, uno de los mayores regalos que podemos ofrecernos.
